«Para mí, la ciencia no es trabajo. Es pasión»

10/Mar/2015

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

«Para mí, la ciencia no es trabajo. Es pasión»

LOGROS EN LAS
INVESTIGACIONES DEL CIENTÍFICO URUGUAYO DR. JAVIER GANZEl Dr. Javier Ganz (33),
uruguayo -y desde hace cuatro años también israelí-, nos recibe en el Hospital
Beilinson en la ciudad de Petaj Tikva, donde se encuentra su laboratorio. Habla
de sus investigaciones, de los desafíos, del aporte que quiere hacer a la
humanidad a través de lo que estudia, y queda claro de inmediato que no habla
meramente de su trabajo, sino de su pasión.
Y, evidentemente, esta
tiene ecos. Unos días después de nuestro encuentro, nos cuenta que fue
seleccionado por su trabajo para formar parte de una red de excelencia de
investigación científica en neurociencias de todo Israel, un programa
auspiciado por Teva Pharma. Nos consta que se trata de una distinción que llega
a poca gente, por la que Javier puede sentirse realmente privilegiado.
La terminología del
comunicado es clara al contar que la Red Nacional Israelí de Excelencia en
Neurociencia (NNE en su sigla en inglés), establecida en el 2012, tiene como
objetivo «apoyar a las comunidades israelíes académicas y de investigación
en la comprensión y el hallazgo de nuevas soluciones para enfermedades del
cerebro que atacan la esencia misma de la condición humana».
Javier hizo en Uruguay la
licenciatura en Bioquímica en la Facultad de Ciencias bajo la dirección de la
Dra. Mónica Marin y el segundo título lo obtuvo en el Instituto Pasteur de
Montevideo, bajo la dirección del Dr. Hugo Peluffo y de quien lo encabeza, Dr.
Luis Barbeito. Su maestría fue en Biología Molecular y Celular, que pertenece
al Pedeciba (Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas) y a la Universidad
de la República.
Después de casarse, llegó
a Israel hace cuatro años y medio con su esposa a hacer el doctorado en
Biomedicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv. Sus
investigaciones actuales las lleva a cabo en el marco de un proyecto conjunto
entre la Universidad de Tel Aviv y el Hospital Beilinson, concentrándose en el
área de la medicina regenerativa.
Para conocer a fondo su
trabajo y por qué le apasiona tanto es que realizamos esta entrevista, con la
que nos hemos enriquecido.
Javier, uno piensa en
ciencia y se imagina a menudo laboratorios en los que se pasa días enteros
investigando…Pero eso es sólo una parte, ya que luego el desafío es usar lo
investigado para salvar vidas o curar dolencias, ¿verdad?
Justamente. A mí me
interesa llevar la investigación a la medicina. En otras palabras, poder
aplicar lo que se investiga. Por eso me vine a un hospital donde tenemos más
contacto con pacientes, donde podemos diseñar terapéuticas y podemos pensar un
poco más en cómo utilizarlas en las personas. Eso era lo que me interesaba para
esta etapa: profundizar y especializarme en células madre, ingeniería de
tejidos y tratamientos del sistema nervioso. Estamos hablando de medicina
regenerativa.
¿En qué problemas
concretos estás trabajando?
Al principio comencé
[trabajando] con párkinson, lesiones del sistema nervioso periférico y
esquizofrenia, pero después fuimos ampliando un poco y ahora a lo que me estoy
dedicando -aunque sigo [trabajando] con párkinson- es más que nada a lesiones
del sistema nervioso central, en concreto médula espinal. Desafortunadamente
aún no puedo dar muchos detalles de este último proyecto.
AÚN NO SE PUEDEN REVELAR
DETALLES
¿Todavía no está
suficientemente desarrollado? ¿O por otras razones?
Está avanzado a nivel
experimental de laboratorio, pero todavía hay temas de propiedad intelectual
por los cuales no podemos difundir los resultados. Básicamente, y sin entrar en
detalles, se trata de una combinación de ingeniería de tejidos con ingeniería
de células madre para el tratamiento de lesiones traumáticas de la médula
espinal. Los resultados obtenidos para una fase preclínica son muy alentadores,
pero vale aclarar que nosotros nos encontramos en un marco de investigación y
esto no quiere decir que hoy en el paciente se podría utilizar eso que nosotros
diseñamos y desarrollamos. Por eso somos cautelosos. Primero que nada, porque
el generar expectativas en las personas que precisan de nuestra ayuda es algo a
tener muy en cuenta. Aún debemos seguir trabajando para poder confirmar y
caracterizar los efectos del tratamiento en cuestión.
Trato de entender más a
fondo, sin que digas lo que no podés… ¿Estás diciendo que cosas que hoy
parecen irreversibles dentro de 10 años, o en el lapso que sea, gracias a lo
que tú y tus colegas están haciendo sí podrán revertirse?
Teóricamente, y desde una
perspectiva simplista, podría decirse que sí. Lo cierto es que es un largo
camino y nosotros estamos intentando por todos los medios contribuir con nuestro
grano de arena para que así sea.
¿Uno puede vaticinar
cuánto tiempo transcurre hasta que eso se pueda traducir realmente en un
tratamiento concreto?
No, creo que no. Existen
reglas teóricas que te dicen 10 años y 1.000 millones de dólares, pero eso es
algo que se usaba en los modelos de la farmacéutica clásica para llevar una
droga al mercado. Estos nuevos abordajes terapéuticos son más complejos y
dependen también de muchos otros factores, por lo cual aún no podemos estimar
un tiempo concreto. Actualmente hay varias empresas y equipos de neurocirujanos
y neurólogos con gran interés de llevar este proyecto a la clínica.
Entiendo que no son
solamente factores médicos propiamente dichos….
Así es. Entre otros,
depende también de políticas, regulaciones, marcos legales, inversiones,
resultados y otras investigaciones que estén saliendo en el mundo en paralelo.
Es casi inverosímil tratar de decir cuánto tiempo va a llevar en esta temprana
etapa.
Medio en broma y medio en
serio, te pregunto si esto significa que en un futuro podré decir: «Ese
científico del que todos hablan… Yo lo entrevisté cuando recién había
terminado su doctorado»…
No sé si tanto, pero
esperemos que sí.
LOS LÍMITES DE LA CIENCIA
Y LOS SUEÑOS
El que la investigación a
la que estás dedicado ahora haya llegado ya a resultados sin precedentes, que
estén logrando cosas antes impensables, ¿te lleva a pensar que quizás no hay
límites, que en algún momento todo mal humano físico podrá ser curado?
No lo creo, pero lo digo
porque siempre van a surgir nuevas cosas. Cuando la gente moría a los 40 años,
la frecuencia de aparición de enfermedades neurodegenerativas era menor, ya que
son características y más frecuentes en el adulto mayor. Ahora, que vivimos
hasta los 80 en promedio, hay nuevas enfermedades que salen a la luz que antes
no surgían porque la gente se moría antes. Creo que a medida que vayamos
encontrándole los trucos al sistema, este también nos va a mostrar cosas nuevas
en las que hoy no pensamos.
En el mundo de la medicina
y biología actualmente hay cosas que son como ciencia ficción. El crecimiento
que ha tenido la ciencia en estos 100 años es exponencial. Existen nuevas
disciplinas, como por ejemplo la biología sintética, la cual intenta crear y
diseñar nuevos sistemas u organismos con funciones determinadas. La medicina
regenerativa, por otra parte, intenta, como dice la palabra, regenerar
diferentes partes del cuerpo o sus funciones especificas. Los avances actuales
han quebrado dogmas que estaban puestos hace muchos años. Por ejemplo, se
quebró el dogma de que las neuronas no se reproducían, que no había generación
de nuevas neuronas; eso cayó y se sabe que sí hay regeneración natural. Por lo
tanto, creo que en los años venideros veremos realmente una explosión de desarrollos
biomédicos basados en muchos años de ciencia básica.
Cuando un científico
encuentra la solución a algo va a buscar otro desafío. ¿Vos, hoy, siendo
todavía tan joven, te planteás por ejemplo cuál sería tu sueño, qué logro
tendrías que alcanzar para decir «hice lo mío en este mundo»?
Creo que es el poder
aportar algo a la humanidad haciendo lo que te apasiona, decir: «Durante
mi vida hice algo significativo por hacer la vida de alguien mejor».
Idealmente, hacer de este mundo un mundo mejor.
Pero dentro de ese título
grande entran los puntos concretos. Ahora estás en esa investigación con
células madre, cuyos detalles sabremos más adelante. Sos joven y habrá mucha
cosa por hacer todavía…
A mí lo que me interesa
particularmente es la medicina regenerativa, y dentro de esta estimular al
cuerpo para que sane por sí mismo, tocando aquí, allá, modificando circuitos,
dando órdenes al cuerpo directamente o bien estimulando los procesos
intrínsecos de reparación, pero que el cuerpo sea el que genere la cura. Mi
objetivo es especializarme y poder aportar en esa área.
SU SUEÑO DESDE NIÑO
¿Desde cuándo tenés claro
que este es tu camino? ¿Qué querías ser cuando eras chico?
Desde muy chico, te diría
que después de pasar por astronauta y piloto, ya sabía que quería estar en el
tema de la medicina. Me gustaba la biología y la medicina, tenía una atracción
natural, siempre me interesaba y quería aprender.
¿Porque es un área en la
que hay muchos misterios por desvelar o ya pensabas en esos términos de aportar
a la humanidad?
Creo que en esa etapa era
prematuro pensar en algo así, que en ese momento simplemente te interesa y
punto. Mis padres también siempre me estimularon a seguir los caminos que a mí
me interesaban… y bueno, hoy estamos acá.
LA ETAPA ISRAELÍ
¿Cómo fue la evolución
del proceso por el cual al final llegaste a Israel, donde has hecho el
doctorado?
Israel es un país de
última generación en lo que es investigación biomédica y científica en general.
Entonces era una excelente combinación entre alta tecnología y buen nivel de
ciencia, pero también con algún marco de amigos… una buena combinación para
esta etapa. Pero de nuevo: esta gira todavía no se terminó, sino que recién
empieza. Estoy evaluando una próxima etapa, en Estados Unidos.
EL CORAZÓN URUGUAYO Y LA
CIENCIA
Javier, estás hace unos
años en Israel. ¿Dónde está Uruguay en tu corazón? ¿Qué te dejó la vida y la
parte profesional en Uruguay?
En términos de
porcentajes, tengo 33 años y 28 los viví en Uruguay, quiere decir que es la
inmensa mayoría de mi corazón. Todo lo que soy hoy se lo debo en gran parte a
Uruguay, porque sin Uruguay todo sería diferente. No sé si mejor o peor, pero
diferente, familia, amigos… Soy un agradecido con el Estado, la Universidad y
mis colegas, que me dieron la posibilidad y las herramientas para poder estar
cumpliendo con mis objetivos. Soy un agradecido con el Uruguay y es mi profundo
interés retribuirle al país.
¿Cuál es el contacto
profesional que has tenido con Uruguay? Quizás por allí pasaron oportunidades,
como ya has dicho, de devolverle algo al país.
Tuve el privilegio de ser
invitado en numerosas ocasiones a dar conferencias en la Facultad de Ciencias,
el Hospital de Clínicas y el Instituto Pasteur. Es mi humilde posibilidad de
llevarles información a estudiantes, al público interesado y realizar un
valioso intercambio de ideas con los pares locales. Estuve en colegios con
chicos de escuela y liceo también contándoles sobre mi experiencia. Creo que
cuanto más uno pueda hacer, divulgar y estimular a nuevas generaciones a que
también emprendan este camino, mejor va a ser el futuro en ese sentido.
Entrevisté hace poco al
ministro de Educación y Cultura (Ricardo) Ehrlich y él me decía que ahora
vuelve a la ciencia y que tiene como un compromiso especial el tema de la
educación científica. ¿Cómo ves a Uruguay en ese ámbito?
Uruguay tiene una
excelente capacidad científica. La formación es muy buena, creo que tiene un
gran potencial. Desde hace ya unos años hemos visto un aumento en la masa
crítica de investigadores, en las publicaciones (que es como se mide la
productividad científica), también en desarrollos, en apuestas del Gobierno, en
la generación de la ANII [Agencia Nacional de Investigación e Innovación], en
el Instituto Pasteur, en los centros tecnológicos, en la descentralización de
la investigación y en diferentes proyectos dirigidos a la estimulación
científica en general.
Creo que Uruguay va por
un muy buen camino; siempre la limitante son los recursos. Es muy difícil a
veces competir con países más desarrollados como por ejemplo Estados Unidos,
porque la diferencia en los recursos es abismal. Lo que limita más que nada son
los recursos, si bien hay una mejoría importantísima.
Si vemos el número de
científicos desde fines de los 80 a ahora, el cambio es radical y creo que eso
es beneficioso. Creo que Uruguay está apostando más a una inversión en
conocimiento y personalmente creo que ese es el camino correcto a recorrer.
Vos optaste por hacer el
doctorado en Israel y seguirás tu camino en otros lares. Si un joven en Uruguay
quiere dedicarse a la investigación científica, ¿dirías que si quiere lograr
avances muy grandes en algún momento tiene que salir del país, o es demasiado
drástico decirlo así?
No. Acá no hay cosas
absolutas. Las cosas pasan y uno puede descubrir cosas en el sótano de tu casa
y hacer una revolución. Lo que se recomienda siempre en el ámbito científico, y
es algo ya establecido, son instancias de intercambio y especialización en
otras partes del mundo.
Eso te nutre.
Claro, porque es muy
difícil hacer investigación solo, entonces generalmente se juntan varios grupos
de diferentes países, y es ese networking que va funcionando y que nos permite
ser más fuertes que nosotros solos en el sótano de nuestra casa. Teniendo
redes, uno hace una parte, otros otra, y es un común mundial en el que la
ciencia se basa mucho: la cooperatividad. No digo que una persona tenga que
salir de Uruguay para lograr avances, pero yo sí recomiendo que salga y tenga
la oportunidad de aprender nuevas técnicas, enfoques y observar cómo se hace
ciencia en otros lugares del mundo.
Vos mencionás eso del
sótano de tu casa y yo me pregunto cómo es el momento en el que al investigador
científico en su trabajo se le ocurre algo, el momento en que capta lo que
estaba buscando… ¿Tuviste esa vivencia alguna vez?
Pasa cuando proponés un
experimento, ves los resultados y decís: «¡Guau, qué bueno!». Sí, eso
pasa, o levantarse en la mañana y decir: «Soñé esto y esto», o
levantarse a la mitad de la noche con algo, porque uno se acuesta y la cabeza
sigue funcionando. Mi padre siempre me decía que [el cerebro] lo deja ahí
procesándose; cuando está pronto, sale, y ahí está la respuesta.
¿Qué consejo darías a un
niño o jovencito uruguayo que te dice que quiere ser científico?
Que siga su pasión, que
sea perseverante. Pero no sólo para ser científico, sino para cumplir
cualquiera de sus objetivos. Que siga su pasión, porque eso es lo que va a
hacer mejor y es donde tiene más chances de aportar. La perseverancia, porque,
como dicen, un tropezón no es caída: hay que probar 10 veces y en la 11 será…
así funciona.
Y no es casualidad que
uses la palabra «pasión». Esto no es para vos un trabajo…
Es verdad… Me siento un
privilegiado en ese sentido porque puedo hacer lo que me llena, lo que me
entusiasma y lo que podría hacer después del horario de trabajo: sentarme a
leer algo relacionado, porque es lo que me gusta, no es que suena el timbre y
me voy corriendo…
LA INSPIRACIÓN FAMILIAR
Y, entonces, ¿cómo
manejas el tiempo libre?
Para mí son muy
importantes las interacciones personales, mi vida familiar. Me parece que lo
importante en la vida es el balance, cómo equilibrar lo profesional -aunque sea
tu pasión- con tu otra pasión: tu familia, tu esposa.
Y para vos, hablando de familia,
el apoyo de tus padres fue clave para llegar a donde has llegado, ¿no es así?
Sin duda fue clave. Mi
mamá, Clara, falleció hace unos años… Mi papá, Noel, está en Uruguay. El
apoyo de la familia es clave en todo. Que te estimulen a ir en busca de más y a
conseguir lo que te hace feliz, que no por diferentes circunstancias de la vida
uno largue enseguida, sino realmente ayudar a cumplir los sueños. Mi vida está
dedicada a ellos en ese sentido porque ellos fueron los grandes artífices de
esto.